“Este ha sido un gobierno de arrogantes, flojos y corruptos” y “Boric no ha trabajado nunca”, remató el diputado independiente de izquierda, ex PPD, René Alinco. Este parlamentario, que debe ser el más campechano de la Cámara, definió de manera muy certera a quienes nos gobernaron durante cuatro años de la manera más oprobiosa y nos tuvieron a merced de la más espantosa inseguridad de que se tenga memoria en toda nuestra vida republicana. Aun así, el flaite amoral que hoy volvió a ser un ciudadano común –pero que cobrará, sin trabajarle un minuto a nadie y con 40 años de edad, la friolera de 17 millones de pesos de jubilación-, anoche le habló al país sus últimas mentiras en una cadena nacional. “Me voy con la satisfacción de dejar un país mejor del que yo recibí”, dijo car’e palo. Entonces pensé que las listas de espera siderales y el deplorable estado de la educación pública debieron ser un espejismo. Y que los homicidios, los asaltos, los portonazos, las encerronas y los turbazos diarios eran noticias inventadas por la prensa, o que las víctimas que relataban sus horas de terror a manos de los delincuentes y las bandas del crimen organizado eran sólo actores que la televisión ponía en pantalla. Es que un Presidente que gobernó entre asados y micheladas con sus amigos, terminó creyendo que Chile era Narnia, Jauja o que él era Peter Pan en la Tierra de Nunca Jamás.
Cuando José Antonio Kast salió del Salón de Honor del Congreso Nacional impecablemente vestido, con su banda presidencial terciada correctamente, sentí orgullo de pertenecer a un país que por fin tenía un Presidente que irradiaba la obligatoria dignidad del cargo. Porque durante los últimos cuatro años sólo sentimos vergüenza ajena cuando vimos actuar a Boric como Jefe del Estado, una Presidencia mancillada a diario en todos los ámbitos por un grosero mal educado, a ratos repugnante que se sacaba los mocos de la nariz en público, que se subía el cierre de la bragueta antes de estrechar la mano de un embajador, que en las ceremonias oficiales se ponía las manos en los genitales, que no guardaba compostura alguna al revistar tropas o saludar a la guardia del Palacio de la Moneda y que se presentaba desastrado, con la camisa a medio salírsele de los pantalones en los actos públicos, y el pelo desgreñado y la barba descuidada, con el carrete de la noche reflejado en su cara somnolienta y cetrina. En la víspera de la transmisión del mando refrendó esa imagen de flaite vergonzoso al inaugurar la comisaría de Carabineros de La Farfana, en Maipú.
Obviamente, lo anterior no fue lo más grave del tránsito de Gabriel Boric. Reflejó sí una forma despreciable. Lo peor estuvo en lo medular de su gestión. En lo que fue incapaz de darles a los chilenos que le confiaron el mandato de la nación. Porque Boric y su coalición marxista-seudomarxista y de tontos útiles defraudaron a los chilenos, nos empobrecieron, se farrearon las arcas fiscales, llenaron el país de corrupción y dejaron a Chile a la cola de Sudamérica. Retrocedimos como nunca antes –salvo durante los mil días de Allende y su Unidad Popular- en crecimiento y déficit fiscal.
Tantas veces que les escuchamos decir –a Boric, a su mendaz vocera Vallejo, al tinterillo barato de Cordero y al oscuro ministro Elizalde- que ellos habían “normalizado” el país. Tal vez se referían a que habían logrado “normalizar” las inéditas tasas del crimen organizado y todo tipo de delitos en el país, más allá de la cifras truchas con que nos mintieron reiteradamente. Pero la realidad siempre se encargó de golpearlos en la cara. Horas antes de la transmisión del mando, en Concepción un sargento primero de Carabineros fue baleado en la cabeza mientras cumplía con su deber y se debate entre la vida y la muerte. Yo espero que con Kast en La Moneda cada vez serán menos los llantos por las muertes de policías y civiles inocentes y cada vez serán más las celebraciones por los delincuentes apresados o muertos,
El lamentable incidente del sur es ejemplo del país que nos deja quien fuera apodado “Merluzo” por la prensa española el mismo día en que asumió como Presidente, por echarle la culpa al Rey de España de atrasar media hora el comienzo de la ceremonia en el Congreso Nacional. O “Saltimbanqui” -apodo de mi cosecha- por las volteretas circenses que se dio en los dos primeros años de su mandato.
Quizás si la tarea más importante que tengan por delante el Presidente Kast y los partidos de derecha que lo respaldan -salvadas las emergencias de la reconstrucción de Viña del Mar, Quilpué, Penco y Tomé; las del plano económico y de la salud y la educación- será hacer un gobierno digno y eficaz, donde se cumpla con lo que se prometió en campaña y de esa manera impedir de una vez y para siempre que volvamos a caer en las manos de los parásitos, zánganos y corruptos marxistas y seudomarxistas que depredaron Chile en estos últimos cuatro años. Que no haya patanes ineptos ni activistas políticos, sino servidores públicos probos, trabajadores y honrados.
Por eso será imperativo no permitir que en el futuro cristalice la advertencia de la comunista vocera de gobierno de que “más temprano que tarde el progresismo volverá a gobernar”.
Que Dios nos libre de una repetición de tan nefasta plaga.