Los documentos revelan que el KGB le entregó subsidios personales al ex presidente Salvador Allende, quien le suministraba información
En los archivos de Mitrotkhin queda en evidencia que el KGB le entrego dinero directamente al ex presidente Salvador Allende, quien era considerado por los soviéticos como un “contacto confidencial” que regularmente compartía información política, aunque nunca fue clasificado como “agente”.
“El Chile de 1970 era muy importante para la URSS por las altas expectativas que generó el régimen”, dijo a el diario El Mercurio de Santiago Christopher Andrew, quien escribió el libro junto a Mitrotkhin.
En el texto se destaca el involucramiento directo del jefe del KGB Yuri Andropov (más tarde secretario general del Partido Comunista sovietico) con su agente en Chile, y sus informes al Politburó sobre el caso chileno.
La importancia que le atribuía Andropov a América Latina, especialmente a Chile y Perú, se hace patente en un memorándum que envía a sus jefes en enero de 1972, en el que establece que la región “es un nuevo campo de actividades para la política exterior soviética”. En ese contexto, para Andropov era vital que los agentes de inteligencia fueran quienes tuvieran los contactos políticos al más alto nivel, en desmedro de los funcionarios diplomáticos de la URSS.

Esta es una de las escasas fotos
que se conocen de Mitrotkhin
Lejos, dice el libro, Allende era el “contacto confidencial” más importante para los soviéticos en Sudamérica. El acercamiento habría comenzado en 1953, después de su primera postulación a la presidencia, pero se habría hecho sistemático en 1961. No obstante, el KGB, alertado por los comunistas chilenos, observaba con sospecha los lazos de Allende con la masonería y la “pequeña burguesía”, y tenía aprensiones con su simpatía por el modelo comunista chino.
También se menciona su carácter “arrogante”, su “vanidad”, deseo de gloria y su inclinación a ser siempre el centro de interés, a cualquier precio”.
El vínculo con Allende (a quien en los documentos se denomina “Líder”) se mantenía a través del agente Svyatoslav Kuznetsov (alias “Leonid”), quien operaba supuestamente como corresponsal de la agencia oficial Novosti.
De acuerdo a los antecedentes, Allende manifestó su “voluntad de cooperar en forma confidencial y dar la asistencia necesaria, ya que el se consideraba un amigo de la URSS”.
Kuznetsov hacía los arreglos para sus reuniones regulares con Allende a través de su secretaria personal, Miria Contreras Bells, “la Payita”, quien es mencionada en los informes de Mitrotkhin como “Marta”.

Para el KGB, en el carácter de Allende destacaban su arrogancia y su vanidad.
SUBSIDIOS PERSONALES
Al margen de las sumas que la URSS entregaba directamente al Partido Comunista chileno, Allende habría recibido en 1970 un “subsidio personal de 50.000” (se presume que todas las cifras son en dólares) aprobado en julio por el Politburó “para ser entregado directamente a Allende”. Para “fortalecer las relaciones confidenciales” y dada la incertidumbre de que Allende fuera confirmado por el Congreso, Andropov recomendó en un memorándum al Comité Central, en septiembre de ese año, darle “asistencia material por 30.000 dólares para gastos, si surge la necesidad”.
En octubre de 1971 Allende recibió, por instrucciones del Politburó, “30.000 para solidificar las relaciones de confianza”.
El entonces presidente mencionó que le gustaría adquirir “uno o dos íconos” para su colección particular. Recibió de regalo dos, avaluados por el KGB en 170 rublos.
En diciembre de ese año, Andropov firma personalmente un memorándum al Politburó en el que propone dar otros 60.000 a Allende “para su trabajo con líderes políticos, militantes y parlamentarios”.
El KGB, preocupado por fortalecer su autoridad, le pediría al mandatario que estableciera “contactos no oficiales” con jefes de seguridad para lo cual “use los recursos de amigos (comunistas) en el Ministerio del Interior”.
Durante 1972, los informes sobre Chile fueron más cautos, de acuerdo al libro, porque se veía con alarma que Allende no conseguía consolidar su posición, ni controlar a las Fuerzas Armadas.
Andropov dio la orden de que se reforzaran, discretamente, sus posiciones en Chile y Perú. Al año siguiente, en febrero, en memorándum al liderazgo comunista, el jefe del KGB pedía 50.000 para que Allende lo utilizara en el período anterior a las parlamentarias de marzo.
Como Andropov no mencionaba las aprensiones sobre el éxito político de la Unidad Popular, los jerarcas le dieron su aprobación. Pero, al parecer, Andropov tenía serias dudas, y de acuerdo a otras fuentes citadas en el libro, en la primavera (boreal) pidió la opinión de expertos de inteligencia sobre la utilidad de asignar cuantiosos recursos (del orden de los 30 millones de dólares) para salvar la revolución chilena. Le dijeron que no había rescate posible.
De acuerdo con el KGB, el error fundamental de Allende era no atreverse a “usar la fuerza contra sus opositores”. Los meses siguientes los informes del agente en Santiago revelaban “signos alarmantes de tensión creciente”. Cuando los militares se tomaron el poder, la agencia se quejó de que Allende le dio “poca importancia a sus advertencias de un golpe inminente”.
DISCREPANCIAS
La historiadora rusa Olga Ulianova, quien investigó documentos del Politburó soviético para el Centro de Estudios Públicos y publicó en la revista del CEP un estudio acerca del financiamiento ruso a la política chilena, pone en duda el que Allende recibió dinero, ya que asegura que el PC soviético le enviaba recursos sólo a su equivalente nacional (Allende era del PS).
SUBSIDIOS PERSONALES
Al margen de las sumas que la URSS entregaba directamente al Partido Comunista chileno, Allende habría recibido en 1970 un “subsidio personal de 50.000” (se presume que todas las cifras son en dólares) aprobado en julio por el Politburó “para ser entregado directamente a Allende”. Para “fortalecer las relaciones confidenciales” y dada la incertidumbre de que Allende fuera confirmado por el Congreso, Andropov recomendó en un memorándum al Comité Central, en septiembre de ese año, darle “asistencia material por 30.000 dólares para gastos, si surge la necesidad”.
En octubre de 1971 Allende recibió, por instrucciones del Politburó, “30.000 para solidificar las relaciones de confianza”.
El entonces presidente mencionó que le gustaría adquirir “uno o dos íconos” para su colección particular. Recibió de regalo dos, avaluados por el KGB en 170 rublos.
En diciembre de ese año, Andropov firma personalmente un memorándum al Politburó en el que propone dar otros 60.000 a Allende “para su trabajo con líderes políticos, militantes y parlamentarios”.
El KGB, preocupado por fortalecer su autoridad, le pediría al mandatario que estableciera “contactos no oficiales” con jefes de seguridad para lo cual “use los recursos de amigos (comunistas) en el Ministerio del Interior”.
Durante 1972, los informes sobre Chile fueron más cautos, de acuerdo al libro, porque se veía con alarma que Allende no conseguía consolidar su posición, ni controlar a las Fuerzas Armadas.
Andropov dio la orden de que se reforzaran, discretamente, sus posiciones en Chile y Perú. Al año siguiente, en febrero, en memorándum al liderazgo comunista, el jefe del KGB pedía 50.000 para que Allende lo utilizara en el período anterior a las parlamentarias de marzo.
Como Andropov no mencionaba las aprensiones sobre el éxito político de la Unidad Popular, los jerarcas le dieron su aprobación. Pero, al parecer, Andropov tenía serias dudas, y de acuerdo a otras fuentes citadas en el libro, en la primavera (boreal) pidió la opinión de expertos de inteligencia sobre la utilidad de asignar cuantiosos recursos (del orden de los 30 millones de dólares) para salvar la revolución chilena. Le dijeron que no había rescate posible.
De acuerdo con el KGB, el error fundamental de Allende era no atreverse a “usar la fuerza contra sus opositores”. Los meses siguientes los informes del agente en Santiago revelaban “signos alarmantes de tensión creciente”. Cuando los militares se tomaron el poder, la agencia se quejó de que Allende le dio “poca importancia a sus advertencias de un golpe inminente”.