Alberto Larraguibel Morales: “No se olvide del Ordenanza González” : POR JORGE ABASOLO

En la última entrevista que diera en vida, el eximio equitador angolino, habla de los entretelones de ese salto gigantesco (2.47 metro) con el que alcanzó el récord mundial de salto alto a caballo.

El caballo “Huaso”, que era un fina sangre de carrera, murió en la década del 70. El récord de Larraguibel y “Huaso” no ha podido ser igualado, pese a innumerables esfuerzos e intentos.

En 1974, en Europa, se llegó a los 2.41;y en 1978, en Niza, a los 2.20 metro.  En nuestro país, el último intento serio por batir el récord de Larraguibel fue protagonizado por el capitán Carol Lopicich –en 1991- justamente en un encuentro realizado en homenaje a Larraguibel. Montando a “Sorange”, Lopicich logró superar la barrera de los 2.10 metro.

 

SU ULTIMA ENTREVISTA

 

 

Alberto Larraguibel muestra algunos trofeos a un joven

 Jorge Abasolo (con pelo)

 

Fue a comienzos de 1993 que tuve la oportunidad de conversar y entrevistarle por última vez. No sé si sentir orgullo o nostalgia por ser quien tendría el honor de hacerle la entrevista postrera.  Siempre sonriente, nunca faltó a la mesa el mosto apropiado para una conversación que siempre terminaba en temas varios, porque don Alberto era un conversador de las más diversas materias. Recuerdo que en esa oportunidad me acompañó el jugador de fútbol brasileño Ned Barbosa. Aún recuerdo las palabras de mi amigo a la salida de la casa de Larraguibel:-“Si este hombre hubiese nacido en Brasil, calles y monumentos le recordarían eternamente. Creo que en Chile no lo saben aquilatar”.

Palabras justas, sobrias y certeras. ¿El pago de Chile?  ¿Otro recuerdo incipiente para un grande del deporte?

Es posible. Este es un país no sólo de contrastes geográficos, sino también de contrariedades a la hora de justipreciar a sus verdaderos héroes y a sus auténticos deportistas.

He aquí un extracto de mi última conversación con el jinete con trazas de leyenda, cuya hazaña –aunque no tan bien ponderada- es imposible erradicarla de los anales deportivos de nuestro país.

 

-Se dice que “Huaso” era un caballo viejo y casi desahuciado, pues nunca llegó a ser el purasangre ganador de carreras como se pensaba. ¿Cómo llegó “Huaso” a sus manos y con qué objetivo?

-A ver…”Huaso” era hijo de Henry Lee y Trémula. Había nacido en 1933 en el Haras “La Mañana”. O sea, era descendiente de británicos. Por muchas razones la suerte no lo acompañó mucho en los hipódromos de Santiago, a pesar de su inmejorable pedigrée.

-¿Por eso lo vendieron, entonces?

-Justamente. Lo vendieron el año 1940 al capitán de Caballería Gaspar Luege, quien se hizo cargo de su adiestramiento y para dedicarlo al deporte ecuestre.

 

-Pero vamos a lo de su récord mundial. Hay quienes dicen que usted habría superado la barrera de los 2.52 metro. toda vez que las varas se curvan en el centro.

-Ocurre que el Reglamento de Concursos de Salto de Obstáculo de la Federación Ecuestre Internacional establece la manera de medir el obstáculo y dice: “después de cada salto, la medida se tomará con una regla colocada perpendicularmente al suelo, después del obstáculo y al centro del obstáculo”. “Huaso” saltó por el extremo derecho del obstáculo –como era su costumbre, por lo demás- yo estoy seguro que su salto fue más que la altura oficialmente medida. Yo creo que es posible que haya llegado a los 2.52 metro.

 

LA IMPORTANCIA DEL ORDENANZA GONZALEZ

-En medio de tanta emoción, ¿hay algún momento especial?

-Claro que sí. Nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo del Ordenanza González. Al momento de batir el récord todo el mundo se abalanzó hacia el salto y hacia. Era gente que quería llevarse algún recuerdo del salto. Pero el ordenanza González los supo contener. De ahí el jurado volvió a medir la vara y así se pudo homologar el récord mundial. Por favor, cuando publique esta entrevista, no se olvide de mi ordenanza González. Era un gran tipo…un gran amigo…

Segundos después la Banda Instrumental del Regimiento, con orden…o tal vez por propia iniciativa, no lo sé, irrumpió con el himno nacional. Fue un momento muy fuerte y emotivo.  A mí, por los cientos de abrazos que recibí, me empezó a doler la espalda. De manera que después de unas cuantas fotografías, me arranqué de la cancha. Con toda esa emoción y esa algarabía que se manifestaba, comprenderá usted que era imposible que yo intentara batir de inmediato mi propio récord.

 

 

 

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