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El dueño de la Luna Por Jorge Abasolo Aravena

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El dueño de nuestro satélite natural fue un chileno.

Sí, señores.  Y aunque la historia es un tanto conocida, conviene poner énfasis en algunos detalles de este caballero que murió en Rocas de Santo Domingo, en junio de 1998, de manera apacible, en compañía de su tercera mujer  y sin desatar mayores  estridencias en su trecho final por la existencia.

Jenaro Gajardo Vega, era el propietario legal de la Luna desde el año 1953.

Era abogado, bueno para conversar y relatar historias, exagerando algunas hasta convertirlas en fábulas, lo que revela una imaginación verniana, o de judío en apuros y cobrando intereses.

Esto lo digo con conocimiento de causa, pues don Jenaro fue amigo de mi padre, al que acompañaba en juergas y parrandas bien regadas.

Cuando la familia de este columnista vivía en Talca, don Jenaro solía visitar nuestra casa, pero yo era tan chico que no me salían ni los primeros mocos, de modo que lo que narro a continuación son relatos infidentes de hogar, que le oí años después a mi padre y a mis hermanos mayores, incluyendo a  mi hermana María Teresa, que tiene una memoria elefantiásica.

Jenaro Gajardo inscribió la Luna en el Conservador de Bienes Raíces de Talca, el año 1953. ¿De dónde pudo salir tan peregrina como original idea?

Mi padre lo relataba así:

-“Jenaro era un decepcionado de la naturaleza humana. No le gustaban los habitantes de esta quejumbrosa tierra. Decía que acá había mucha envidia, mucha traición, mucha maledicencia. Entonces, como un acto de protesta, como un modo de intervenir en la selección de su gente optó por purificar el ambiente. 

Jenaro no fue un resentido social, como se ha dicho en más de una oportunidad. Es cierto que muchos talquinos son medio pesados, elíticos y creen que llegaron a este mundo con los impuestos pagados, pero eso en nada influyó en la forma de ser y de conducirse de don Jenaro”.

También es cierto que no le permitieron ingresar al exclusivo Club Social de Talca, por contar con un patrimonio ínfimo.

Ocurre que a don Jenaro lo invitaron a ingresar al Club Social de esa ciudad, pues había muerto uno de sus directores. Designaron a don Jenaro, pero cuando leyeron el acta, uno de los directores se opuso. Dijo que don Jenaro era muy joven y que, además, no contaba con propiedades.

Jenaro Gajardo se fue dolido y con la cola entre las piernas. Comenzó a caminar por las calles de la ciudad, en momentos en que había Luna llena. Y empezó a observar nuestro satélite natural, concluyendo que esa Luna tenía sus buenos kilómetros de diámetro, tenía deslinde, pertenecía a la Tierra y nadie en el mundo la había inscrito. Con la rapidez de una copucha, don Jenaro llevó la palabra a la acción.

Luego de inscribirla en el Conservador de Bienes Raíces, volvió al Club convertido en propietario de la Luna, encarando al fulano que se había opuesto a su designación:

-Sepa usted que ahora soy dueño del satélite lunar.

El aludido se levantó de su asiento y le pidió que lo perdonara.

Don Jenaro lo perdonó.

El resto es historia más o menos conocida.

En junio de 1969 el presidente de los Estados  Unidos, Richard Nixon, envió un cable a la embajada de Yanquilandia en Chile, de modo que al rato llegaron unos gringos a casa de don Jenaro para leerle el cable: “Solicito en nombre de los Estados Unidos autorización para el descenso de los astronautas Neil Armstrong, “Buzz” Aldrin y Michael Collins en el satélite que a usted le pertenece”.

Talca es ahora una ciudad amable, lejos del arribismo y de las “diez familias”. Es hora de que una de sus calles lleve el nombre de Jenaro Gajardo Vera.

Si no lo hacen, me veré en la obligación de pensar que sus habitantes “viven en la Luna”.

 

En esta foto aparecen de izquierda a derecha: Julio Abasolo Aldea (padre de Jorge Abasolo Aravena), José Miguel Cruz (por entonces director del Museo de Bellas Artes de Talca y Genaro Gajardo, el chileno dueño de la Luna. Los tres eran compinches…grandes amigos.

La foto corresponde al balneario de Constitución, año 1950.

 

JORGE ABASOLO ARAVENA

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